Con la llegada del buen tiempo el Maresme se tiñe de rojo. Concretamente del rojo de las fresas que año tras año nacen en sus fértiles campos. Las fresas del Maresme tienen una merecida fama. Desde el 25 de abril hasta el 31 de mayo de 2026 podemos comprobarlo en el Temps de Maduixes, una oportunidad ideal para conocer a fondo un producto tan delicioso que se puede presentar tal cual o con elaboraciones de platos salados o dulces, acompañando productos de mar o montaña.

En Temps de Maduixes participan productores y elaboradores de fresas, además de bares, restaurantes y hoteles, así como el Consorci d’Enoturisme de la DO Alella, otro de los productos estrella de la comarca, el vino de Alella.
La fresa, el tesoro del Maresme
La fresa del Maresme no es sólo una fruta. Es ese gusto que te recuerda la primavera, los días que se alargan y el olor a mar mezclado con tierra húmeda. Crece entre el mar y la montaña, en un entorno privilegiado que le da un sabor especial, de aquellos que no se olvidan fácilmente: dulce, aromática y con ese punto fresco que invita a repetir.
De marzo a junio es cuando se encuentra en su mejor momento. Es entonces cuando las fresas llegan llenas de color y sabor, como si concentraran toda la luz de la temporada. Y, además de buenas, también son saludables: ricas en vitamina C, antioxidantes y ligeras, ideales para disfrutar sin complicaciones.
En el Maresme, esta fruta se vive con entusiasmo. Durante las jornadas gastronómicas, restaurantes y cocineros le dan protagonismo con platos que van desde los más tradicionales hasta propuestas asombrosas. Puedes encontrar desde las clásicas fresas con nata hasta combinaciones inesperadas con carnes o pescados, siempre con productos de proximidad y mucho respeto por el sabor original.
Pero lo mejor es que la experiencia va más allá del plato. Pasear por los mercados, comprar fresas recién cosechadas o visitar los campos donde crecen te permite conectar con su origen. También hay ferias, talleres y rutas que hacen que todo sea más vivo, más cercano, más auténtico.
Al final, la fresa del Maresme es esto: un pequeño placer que te acerca al territorio, a su gente ya una forma de hacer que se nota en cada mordedura.


